Después de unos meses de intercambio de informaciones y estudios que han ido conformando un borrador del Informe anual 2008, el pasado miércoles, 3 de diciembre, se reunieron en Madrid buena parte de los miembros de la Comisión de Profesionales del Observatorio de la Ilustración Gráfica. En torno a la mesa estuvieron Pablo Amargo, Fuencisla del Amo, Elisa Arguilé, Arnal Ballester, Ulises Culebro, Ricardo Esteban, Forges, Miguel Gallardo, Max, Javier Olivares, Carlos Ortín, Miguelanxo Prado y Mariona Sardà. La Comisión, hay que insistir, no está conformada solo por ilustradores de todo tipo de disciplinas, sino también por profesionales de la edición, la dirección de arte y el derecho, y en esta primera reunión hubo representación de todos los sectores.
En la reunión, ante todo, se consensuaron tres ejes unificadores de las propuestas del Observatorio:
- el reto que suponen Internet y las nuevas tecnologías, al desplazar la explotación de la obra del ilustrador a un terreno menos controlable;
- la necesidad de elevar las conclusiones al gobierno y a los grupos parlamentarios, para propiciar un mayor conocimiento de la problemática del sector de la Ilustración, y también medidas en favor del pleno respeto a los derechos de los ilustradores e ilustradoras en nuestro país;
- la conveniencia de llevar adelante un esfuerzo para hacer visible la profesión de ilustrador.
Entre los numerosos temas tratados, se remarcó la importancia de conseguir que se establezcan contratos para las colaboraciones de los ilustradores en los periódicos, sean fijas o esporádicas; en el ámbito de la edición en general, se subrayó la necesidad de encontrar fórmulas para no depender en exclusiva de los royalties de los libros, ahora que la vida comercial de estos ha quedado reducida a unos meses en la mayor parte de los casos. En cualquier caso, todos coincidieron en que hay que poner toda la atención en fijar un sistema eficiente de tarifas y protocolos para el trabajo en Internet.
Otra de las cuestiones tratadas por la Comisión fue que en el sector audiovisual el creador gráfico todavía no ve reconocidos sus derechos de autor —a no ser que sea el productor quien le otorgue esos derechos—, al contrario de lo que sucede con los músicos, los guionistas, los directores o los productores. Parece evidente que, además de pedir cambios en la Ley de la Propiedad Intelectual, hay que entablar un diálogo serio con las sociedades de gestión (como parte connatural del sector) para que adapten sus mecanismos a la realidad de los ilustradores, y a la marcada por las nuevas tecnologías.
En lo que se refiere al ejercicio profesional en general, se apuntó que es básico que los ilustradores no sean prisioneros de la lógica de la otra parte, la de los editores o empresarios. El editor no deja de ser un resultado de la cultura existente en el país, un síntoma de la falta de consideración que existe por todo lo intelectual. En cambio, y a pesar de que no es así en la mayor parte de los casos, existe una mistificación del editor como agente cultural. Hace falta acabar con el concepto de que el ilustrador no es más que un «traductor» de ideas (ajenas) a imágenes. Entre otras cosas que conviene cambiar en la sociedad, hace falta fijar un programa de estudios superiores relacionados con la Ilustración.
Todos estos y muchos más temas quedarán fijados en ese ya muy avanzado primer Informe anual, que verá la luz en breve, y del que se informará convenientemente a través de este blog y por otros medios.