A pesar de los ataques que viene sufriendo —desde muy diversos sectores de intereses no siempre claros—, el derecho de autor sigue siendo imprescindible para la existencia de creación. Lo cierto es que, además, quienes claman contra él no consiguen argumentar coherentemente la supuesta falta de vigencia de este derecho. Sin él, desde luego, difícilmente se podría hablar de profesionales de la ilustración (o de cualquier otro campo creativo).
Esto no significa, no obstante, que, en el contexto en el que nos hallamos metidos, no sea necesario revisar conceptualmente algunas partes del derecho de autor para adaptarlas a la realidad, sin que eso no solo no suponga pérdidas para nadie, sino que además sea beneficioso para todos. Surgen así iniciativas como Copyright for Creativity, promovida por organizaciones como European Digital Rights, Bureau Européen des Unions de Consommateurs, la Asociación Alemana de Bibliotecas, Open Rights Group o Electronic Frontier Foundation. En su «Declaración para Europa», se dice:
Los derechos exclusivos estimulan la inversión y la producción de bienes culturales y basados en el conocimiento. Simultáneamente, las excepciones a estos derechos crean un sistema equilibrado que permite el uso de trabajos creativos para apoyar la innovación, la creación, la competencia y el interés público. Unas excepciones bien definidas pueden servir para ambos objetivos: para proteger las compensaciones y los incentivos a los creadores, al mismo tiempo que para promover reutilizaciones innovadoras que benefician al público.
Mientras los derechos exclusivos han sido adaptados y armonizados para afrontar los desafíos de la economía del conocimiento, las excepciones del derecho de autor son radicalmente inapropiadas para las necesidades de la sociedad de información moderna. La carencia de armonización de las excepciones obstaculiza la circulación de bienes y servicios basados en el conocimiento a través de Europa. La carencia de flexibilidad dentro del actual régimen de excepciones europeas también nos impide adaptarnos a un entorno tecnológico en constante cambio.
La declaración concluye citando el «Libro verde sobre los derechos de autor en la economía del conocimiento», que hace una llamada a la Comisión y el Parlamento europeos y a los Estados Miembros para que se comprometan en las políticas y normativas acerca de las excepciones del derecho de autor, en vistas a armonizarlas en toda Europa, actuar como incentivo para la innovación, apoyar la creatividad de los usuarios y una mayor participación, asegurar la accesibilidad de todos los europeos, apoyar la educación y la investigación, facilitar la conservación y el archivo, asegurar que los derechos de monopolio estén regulados en el entorno online y promover estos principios en debates internacionales.

